Un oso que dice croac-croac

Esta es la historia de un tierno oso, que reposaba sobre un colchón redondo, que por la fuerte brisa giraba, mientras el muñeco reía por el meneo que se generaba. Un árbol siempre lo miraba, recordaba a los osos perezosos que en la selva arboles trepaban, entonces con cuidado susurraba ―vuelve a tu lugar, que los osos no duermen en cama ovalada.

Cuando la noche llegaba, el oso en el prado se recostaba y se teñía de verde manzana, para parecer una rana. ―Croac –croac― decía con gracia, trataba de saltar, pero sus patas inmóviles se quedaban, este es un oso de peluche, no una marioneta de movimientos ilustres.

El árbol se asombraba, al ver un oso que rana se profesaba, por eso sus ramas contoneaba, para que sobre él cayeran hojas que lo camuflaran.

Tantas hojas cayeron, que el oso no pudo salir de aquel evento, hasta que llegó una abeja y con sus alas, espanto lo que lo ocultaba. El buen oso sonrío, abrazo a la abeja con pasión, está se asustó, dejo caer su aguijón, que le estorbaba por su pàlido color.

Pasó una zombie macabra y tomo el aguijón como si nada, lo ubicó en su frente verde clara y se convirtió en un unicornio de vestimenta morada. Se marchó cantando, mientras un croac-croac se escuchaba al lado, también zumba la abeja que ahora va liviana, mientras el árbol duerme porque tanta historia lo cansa.

Fin


Waldo colaborando, para poder hacer este cuento.

Copyright © 2018 Margarita Palomino
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